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No está muerto, anda de parranda.

Ensayo: Letreros (Manuel Pereira)

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Por todas partes veo carteles absurdos. En la escalera de un edificio público, uno que dice: “use el pasamanos”. Es como si nos dijeran: “respire con los pulmones”. Una obviedad, sigo viendo más rótulos ociosos, algunos incluso medio kafkianos. En el metro, uno sugiere: “no subir sentado en la escalera mecánica”. Otro advierte: “No suba de espaldas en la escalera mecánicas”, ambos ilustrados.

Todo esto siempre me recuerda aquel cuento de Julio Cortízar titulado “Instrucciones para subir una escaleta”, donde el autor aconseja al lector: “cuídese de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie”.

Muchos de estos carteles podrían integrar una antología del disparate. En las carreteras hay avisos como éste: “no maltrate las señales”, y uno se imagina a un chofer que baja enfurecido de su coche con un martillo para golpear un letrero, o para entrarle a patadas.

En la autopista que va a Tlaxcala veo otro aviso “Prohibido pastar”. ¿A quién va dirigido el mensaje? ¿A los conductores? ¿Se bajan a comer hierba? ¿A las vacas? ¿Ya aprendieron a leer las vacas? ¿A los dueños de las vacas?

En un café de Santa Fe descubro el siguiente letrero: “Ayude en la Campaña Nacional de Seguridad…”. Uno imagina a muchos policías vestidos de paisano distribuidos por los alrededores vigilando y cuidando a los ciudadanos decentes, pero el anuncio sigue así: …vigile sus pertenencias”. Si tenemos que esmeramos en cuidamos por nuestra cuenta y riesgo, ¿para qué sirve entonces el letrero… y la Campaña?

Por lo general, lo que se echa de menos en estos carteles es el sentido común, a lo cual se añade frecuentemente la imprecisión en el uso de las palabras que engendra ambigüedad, pleonasmos, anfibologías, perogrulladas, tautologías y otros vicios del lenguaje.

Leo en un prado de Tecamachalco: “prohibido tirar basura, la persona que se sorprenda será consignada a las autoridades correspondientes”. Tal como está redactado, pareciera que si por aquellos parajes uno expresa sorpresa, o pone cara de asombro, puede ir a parar al bote.

Sospecho que este descabellado alud de oraciones mal redactadas se debe, en parte, a la nefasta influencia de algunos instructivos mal concebidos o pésimamente traducidos.

En la etiqueta engomada de un frasco de champú se nos indica sabiamente que, en primer lugar, debemos aplicar una cantidad de loción en la palma de la mano y luego frotarnos con ella la cabellera. ¡Como si uno fuera capaz de echarse el champú en la planta del pie! Algunos manuales de microondas aconsejan que no metamos dentro del horno al bebé, es la infantilización total; pareciera que alguien está empeñado en tratarnos como sí fuéramos idiotas, o menores de edad.

Algunos carteles y formularios de origen burocrático o empresarial son tan ilógicos y reiterativos que pueden llegar a sacarnos de quicio. Sin embargo, los letreros de confección popular resultan genialmente graciosos: “Por favor no tire basura aquí, tírela para más allá”, o bien este otro, en la parte trasera de un camión, acompañado de una estampa de Jesús: “esta unidad está protegida por Dios nuestro Señor”. En un abarrote: “no se permite fumar marihuana dentro de este local, afuera sí. Gracias”. En una marquesina entoldada veo caligrafiado este rótulo: “librería de libros”. Otro, en una ventana: “Este hogar es católico, ¡favor de no estar chingando!”. Y otro más, en un establecimiento comercial: “Si trae perro, átelo afuera, si no, no”. De pronto, en jardines y pastos, me asaltan enternecedores rótulos en los que yerbas, flores y plantas hablan en primera persona: “por favor, no nos pises, sentimos como tú” o “échame agua cada tercer día”.

El problema no es sólo mexicano, ya es internacional, El Parlamento catalán lleva algún tiempo debatiendo un trascendental asunto; ha decidido colocar letreros oficiales en las orillas de los ríos prohibiendo “golpear las aguas” y “tirar piedras”, para que los peces no se asusten. Parece que temen que los peces terminen en la consulta del psiquiatra. En todas partes se cuecen habas.

Manuel Pereira, escritor y ensayista cubano
Publicado en Dia Siete No. 462
diasiete.com

Written by romel eliseo

julio 3, 2009 a 1:05 pm

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